
¿Por qué intentamos “destruir” nuestras calentadoras infrarrojas? (Antes de comprarlas)
Piense en su baño: probablemente sea el lugar más difícil del hogar para que los dispositivos electrónicos funcionen bien. Un momento está seco como el hueso, y al siguiente, se convierte en una nube densa de vapor. Este cambio constante es un verdadero problema para los componentes electrónicos. No nos contentamos con esperar que las lámparas puedan soportarlo. Las ponemos en laboratorios y las sometemos a pruebas de envejecimiento causadas por la humedad y el calor.
La lucha contra la humedad
La mayoría de estas calentadoras utilizan tubos de vidrio de cuarzo. El cuarzo es excelente para generar calor, pero el verdadero problema radica en el sello donde los electrodos se unen al vidrio. Ese es el “punto débil” de las calentadoras. Si ese sello no es perfecto, el vapor de agua puede penetrar. En cuanto un poco de humedad entra en contacto con el filamento de tungsteno… ¡Pum! La lámpara deja de funcionar. Para evitar esto, ponemos las calentadoras en cámaras climáticas que simulan un ambiente de sauna. Aumentamos la humedad y modificamos la temperatura constantemente. Si algo falla en el sello, queremos que eso ocurra en el laboratorio, no mientras la calentadora está instalada en el techo.
Atención a la “descomposición lenta”
La humedad no solo causa daños inmediatos; también provoca daños a largo plazo. Puede dañar los cables internos y los conectores. Controlamos de cerca valores como la corriente de fuga y la resistencia aislante. Lo importante es que, si la corrosión comienza a afectar los puntos de contacto, la resistencia eléctrica aumenta. Esto provoca sobrecalentamiento en los terminales, lo cual puede derretir la carcasa o hacer que se activen los disyuntores. Seguimos probando hasta que observamos una disminución en el rendimiento. Si la potencia generada por la lámpara se desvía aunque sea un poco de las especificaciones, toda la serie es descartada.
Calor, frío y presión
Cuando se concentra mucha energía en una pequeña lámpara, esta se calienta rápidamente. Ese calor hace que los materiales se expandan, y cuando la lámpara se enfría, vuelven a contraerse. Imagine que esto ocurre mientras hay condensación en la superficie exterior del vidrio. Es una enorme carga mecánica. La única forma de evitar que el vidrio se agriete es asegurarse de que los materiales se expandan y contrajan a la misma velocidad. Nuestras pruebas demuestran que el vidrio puede resistir esos impactos sin romperse. Es mucho trabajo, pero es la única manera de garantizar que la luz siga encendida.